La muerte y el proceso de morir

Si existe una verdad universal esta es que todos nacemos y todos vamos a morir. Tarde o temprano la muerte toca la puerta de todas las casas, no sabemos ni cuándo, ni cómo va a suceder, pero va a suceder. En el artículo de hoy vamos a debatir sobre la muerte y el proceso de morir.

 

La forma de entender la muerte va a ser determinante tanto para definir nuestro estilo de vida como para enfrentarnos a ella. Por otra parte, la forma en que entendamos la muerte será esencial para afrontar la muerte de nuestros seres queridos.

 

Pese a que se trata de una misma realidad no es la misma experiencia para un ateo, un judío, un cristiano, un budista o para un practicante de cualquier otra religión. Dependiendo del prisma desde el que miremos la muerte la interpretaremos de una forma u otra.

 

El cristiano cree que después de la muerte todos iremos al cielo o al infierno en función de cómo nos hayamos comportado en esta vida, el hinduista por su parte cree en la reencarnación, en cuanto al budista la creencia es que en función del karma generado renacerá cómo un ser u otro.

 

En el artículo de hoy me fundamentaré principalmente en el budismo ya que es la corriente filosófico-religiosa que desde mi punto de vista mejor afronta este tema, ya que parte de su filosofía de vida consiste en conocer las etapas del proceso del morir, aunque también consultaré otras fuentes.

 

¿Qué es la muerte?

Según el diccionario, la muerte es el fin de la vida, esta puede producirse por causas naturales como consecuencia de una enfermedad terminal o puede ser inducida por un asesinato, el suicidio o cualquier otro accidente.

 

Según la medicina occidental la muerte es el cese irreversible de las funciones cardiorrespiratorias y/o de las funciones encefálicas.

 

Desde el punto de vista filosófico, la muerte está estrechamente relacionada con la vida, ya que el proceso hacia la muerte se inicia desde el mismo momento en que nacemos.

 

El mito de Prometeo

Según la mitología griega fue Prometeo quien creó al ser humano a partir de barro y agua aunque la responsable de darle vida con un soplo fué Atenea.

 

Los habitantes de Mecona iban a ofrecer un buey en sacrificio a Zeus, pero Prometeo les convenció para que hiciesen dos montones, en uno pondrían los huesos que recubrirían con las grasas del animal y en otro montón pondrían la carne que la cubrirían con las visceras.

 

Zeus solo podía quedarse con un montón y sin dudarlo eligió el de la grasa, que no era otra cosa que un montón de huesos, por lo que se enfadó mucho y castigó a los humanos con la oscuridad y el frio eterno.

 

Prometeo, entonces les robó un poco de fuego a los Dioses para entregárselo a los humanos y como castigo los dioses condenaron a los seres humanos a morir.

 

El cuerpo y la conciencia

Existen tantas formas de afrontar la vida y la muerte como personas hay en el mundo, aunque es fácil agrupar tendencias en función del credo de estos grupos.

 

En función de las creencias de las personas podemos distinguir entre diferentes maneras de concebir la mente, el cuerpo, la conciencia, el alma y el espíritu.

 

En el budismo, el cuerpo solo es una estructura que nos acompaña durante esta vida, pero ese cuerpo no es “YO” ni nos define como persona. Por otra parte en el budismo las personas contamos con una serie de conciencias que nos ayudan en el camino de la vida.

 

Por su parte, en el cristianismo la persona se compone de su cuerpo y su alma

 

El miedo a la muerte

En la sociedad moderna occidental la muerte es un tema tabú del que solo se habla cuando no te queda más remedio que enfrentarse a ella. No se estudia en el colegio, no se habla de ella en casa ni con los amigos.

 

De esta forma la muerte es una completa desconocida, y como pasa con todo lo diferente y desconocido se le tiene miedo.

 

Cómo bien hemos comenzado este artículo, la muerte es inevitable e inherente a la vida, por lo tanto es algo para lo que deberíamos prepararnos desde pequeños, pero lejos de ello, la realidad es que es una completa desconocida.

 

En algunas corrientes filosóficas y religiosas, como en el budismo, la muerte es un proceso que forma parte de la vida ya que es el intervalo necesario entre una vida y la siguiente. Tan importante es la vida como la muerte y por tanto se prepara a sus practicantes para la muerte.

 

Es precisamente la explicación que damos de la muerte la que nos hace temerla en mayor o menor medida. En el momento en que vemos la muerte como un castigo divino esta se convierte en aterradora.

 

La muerte en la vida cotidiana

La muerte es un proceso por el que todo ser vivo ha de pasar, sin embargo, el ser humano es el único capaz de tener conciencia respecto a la muerte. La muerte es una experiencia inevitable que tiene diferentes matices en función de la perspectiva desde la que se mire, estas pueden ser corrientes filosóficas, políticas, sociales, culturales…

 

En general la muerte se presenta como un hecho doloroso en el que perdemos para siempre la compañía de un ser querido o incluso se pierde la vida de uno mismo, dejando para siempre todas nuestras pertenencias, todos nuestros logros y méritos, dejando atrás a nuestros seres queridos.

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La muerte es sufrimiento ya que no estamos preparados para ella, la tememos, la desconocemos e ignoramos cuándo y cómo se va a presentar. La formación y educación de la persona para afrontar la muerte es fundamental para evitar este sufrimiento.

 

Si nos formamos y preparamos para la muerte, si meditamos sobre la muerte y si tenemos la muerte presente en nuestra vida podremos vivir de una forma diferente y más completa.

 

El principio de no permanencia

Como ya hemos visto en este blog en anteriores ocasiones, todo es impermanente ya que todo está formado por un conjunto de elementos interconectados entre sí. Así, el budismo rechaza que exista un “YO” y “los otros”. Sino que hay que alcanzar a entender que todos somos un conjunto, todos dependemos de todo y de todos.

 

Si observamos un árbol veremos que este está compuesto por raíces, un tronco y una copa. A su vez, la copa está formada por ramas, ramitas y hojas que a su vez están compuestas por un tallo y una lámina.

Venimos a este mundo desnudos, sin pertenencias, sin profesión, sin estudios… y así nos vamos de él, da igual todo lo que hayas conseguido a lo largo de la vida, ya que lo único que te vas a llevar de ella es el Karma que hayas generado.

 

Todo es impermanente y cambiante, somos nosotros los que ponemos etiquetas a las cosas para identificarlas, pero en realidad están en continuo cambio. Cuando de paras sobre un puente a observar el agua del rio, el agua que ves está continuamente cambiando, no es la misma.

 

Todo es interdependiente, todo está conectado entre sí, solo entendiendo este principio seremos capaces de llegar a entender la impermanencia de las cosas.

 

Cada cosa que vemos y que nos parece sólido en realidad está formado por mayor cantidad de vacío que de algo, sin embargo, si nos lanzamos contra un muro no lo atravesamos, más bien nos abrimos la cabeza. Cada cosa que vemos está formado por una combinación de miles y miles de quarks.

 

El Samsara y el Nirvana

Según el budismo los Seres vivimos en el Samsara, que es un ciclo de vidas y renacimientos que debemos evitar para alcanzar el Nirvana por medio de la Iluminación.

 

Cómo ya indicó Buda en sus primeras enseñanzas, la vida es sufrimiento y la forma de salir de esta rueda de sufrimiento es ir al Nirvana. Se dice que Siddharta Gautama alcanzó la Iluminación practicando las “Cuatro Nobles Verdades” de las que ya hemos hablado en anteriores artículos de este blog.

 

Es esencial conseguir alcanzar el Nirvana por medio del “prajna” o la sabiduría de ver el mundo tal cómo es, de comprender la verdad última. Las escuelas budistas insisten en que el vehículo para alcanzar la Iluminación es la meditación.

 

Todos vivimos en el Samsara y nos pensamos que somos felices porque en alguna ocasión lo hemos sido, creemos que cuantas más cosas materiales poseamos y cuantos más placeres disfrutemos más felices seremos. Es cierto que se puede tener un estilo de vida más sano que nos permita dejar a un lado el sufrimiento causado por el ego, el rencor, el odio, la envidia… pero la auténtica felicidad se alcanza dejando a un lado los 8 problemas mundanos que se presentan como los siguientes pares de los que hablaremos más extensamente en un futuro artículo:

 

  1. Acumulación y pérdida
  2. Alabanza (aprobación) y crítica (desaprobación)
  3. Fama y mala reputación
  4. Experiencias agradables y experiencias dolorosas

 

 

Los reinos de la existencia

Según el budismo, el Samsara está compuesto por seis reinos en los que se puede renacer en función del Karma acumulado.

 

  • El Reino de los Dioses
  • El Reino de los Semidioses
  • El Reino de los humanos
  • El Reino animal
  • El Reino de los espíritus
  • El inframundo o infierno

 

Hoy solo nos centraremos en el Reino de los humanos, que es en el que vivimos nosotros. Este reino es el mejor ya que es el que nos permite el acceso al Nirvana, sin embargo es una vida cargada de sufrimiento.

 

El Reino de los Dioses permite una vida larga cargada de placeres, sin embargo es una vida obnubilada que en algún momento se terminará y no habremos aprendido nada, por lo que seguiremos en la rueda del Samsara y podremos renacer nuevamente en cualquiera de los seis reinos, incluido los infiernos.

 

Por su parte, el Reino de los Semidioses es un reino cargado de envidia y de ira, ya que los semidioses están siempre pendientes de querer acceder al Reino de los Dioses. Dicen las enseñanzas, que existe un árbol que que nace en el Reino de los semidioses que ofrece los frutos más exquisitos que se conocen, pero este árbol es tan alto que solo se puede acceder a su copa y por lo tanto a sus frutos desde el Reino de los Dioses, otro motivo más para la envidia y continuo enfado de los Semidioses. Los Semidioses siempre están preparando guerras contra los Dioses, pero pierden una tras otra.

 

¿Y que decir del Reino animal? No tienen conciencia, solo pueden comer lo que la naturaleza o los Seres Humanos les ofrecen, sus derechos son muy frágiles. En muchas ocasiones les toca vivir hacinados en pequeños espacios sin ningún tipo de comodidad. Cuando mueran no habrán aprendido nada.

 

En cuanto a los espíritus, se han apegado tanto a sus cuerpos, a sus casas, a sus pertenencias que no son capaces de tener una vida que les llene, viven siempre hambrientos de más cosas, de más poder, de más dinero…

 

En cuanto al infierno no hay mucho que contar todos sabemos lo que es y lo mejor es evitarlo.

 

 

La vida después de la muerte

Muchas religiones profesan una vida más allá de nuestro cuerpo físico, cómo se desarrolla esta vida dependerá de la religión de la que estemos hablando. Cómo quiera que sea, aunque no existen evidencias científicas de esta vida tras la muerte, ya existen algunos estudios que parecen indicar que “algo hay”.

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Esta vida posterior a la muerte se fundamenta en la continuidad de la conciencia, el alma o el espíritu, cada cual tiene la creencia que más le gusta, que más le llena. Lo importante es investigar y encontrar la verdad, el único camino para encontrar la verdad es experimentar por medio de la meditación y practicando las enseñanzas.

 

En el caso del budismo, esta vida después de la muerte se materializa en un renacimiento, así pues, la muerte solo es un proceso que da paso de una vida a la siguiente. Sin embargo este renacimiento NO es una reencarnación del espíritu del muerto en un nuevo cuerpo, más bien se trata de un renacimiento de una corriente de conciencia subliminal impermanente que almacena las semillas del karma, pudiendo renacer en cualquiera de los Seis Reinos de los que ya hemos hablado.

 

En este caso, lo único que nos llevamos de una vida a la otra es el Karma que hemos cosechado a lo largo de nuestras vidas, por lo tanto NO se trata de una continuidad de nuestra vida pasada en un nuevo cuerpo.

 

El amor y el Karma

Si algo caracteriza a todas las religiones y filosofías es que es necesario hacer el bien para conseguir un premio o evitar un castigo, para ir al paraíso y evitar el infierno, para volver al mundo con forma humana y no como un animal o un insecto.

 

En la tradición budista, la muerte es un proceso sumamente importante ya que supone el paso de una existencia a otra. Mediante la meditación se entrena el cuerpo y la mente para purgar el karma.

 

Es precisamente la muerte y cómo la afrontamos la que da sentido a nuestras vidas, en parte la existencia humana está determinada por el premio o el castigo al que tendrá derecho en el “Juicio Final”.

 

Pero, ¿que es el Karma? Según el budismo, toda acción o pensamiento tiene una consecuencia que puede darse en el mismo momento o en un futuro, incluso puede almacenarse para las siguientes vidas. Se trata de una energía trascendente que se genera a partir de los actos de una persona. La palabra karma significa ‘acción’, y ésta se refiere a nuestras acciones físicas, verbales y mentales.

 

Como quiera que sea, una vida cargada de amor, generosidad y compasión será más llena, plena y feliz. Según como trates a los demás es como ellos te tratarán, si eres una persona compasiva y generosa las personas serán generosos contigo.

 

El proceso de morir en el budismo: los bardos

Si bien en la medicina clínica occidental se entiende por muerte cuando las funciones vitales dejan de funcionar definitivamente, en el budismo se entiende por muerte a todo un proceso en el que los elementos que componen a los Seres Humanos se van disolviendo unos en otros.

 

En el budismo se entiende por bardo a una etapa, un intermedio, al paso de un estado a otro:

 

  • Bardo de la Vida: es el que comienza con el nacimiento y dura hasta que comienza la muerte. En este bardo podemos encontrar además el Bardo del Sueño y el Bardo de la Absorción Meditativa.
  • Bardo del Momento de la Muerte: en este bardo se puede experimentar la Clara Luz si la persona es capaz de reconocerla, se dice que si no lo consigue reconocer hay una “segunda oportunidad” con la “Luz Clara Secundaria” e incluso una tercera oportunidad después de unos días de inconciencia.
  • Bardo de la Verdadera Naturaleza de la Realidad o Dharmata: las enseñanzas cuentan que se trata de un periodo de dos semanas en el que la persona despierta en un “cuerpo sutil” y no sabe que ha muerto. Cada día experimenta visiones como producto de sus contenidos mentales.
  • Bardo del Devenir: es el bardo del renacimiento, la conciencia no ha logrado Iluminarse y vuelve al Samsara.

 

El momento de la muerte es de gran importancia, ya que según en que estado anímico fallezca la persona esto le condicionará para liberarse del Samsara o para volver en un cuerpo de los diferentes reinos que vimos más arriba.

 

Si bien es cierto que el Karma acumulado es determinante para la vida que vas a vivir, el momento de la muerte lo es para el destino en el que vas a renacer. Vamos a verlo con un ejemplo, una persona que ha vivido una vida en la que ha sido generoso y compasivo generando muy buen Karma, pero en el momento de la muerte, va a verle una persona al hospital y tienen una fuerte discusión generándole un ataque cardiaco que le provoca la muerte.

 

Esta persona se va a ir de esta vida muy enfadado e iracundo por lo que no solo le costará identificar la Clara luz, sino que es muy posible que renazca en el mundo animal o que se quede en el Reino de los Espíritus, sin embargo, el buen Karma acumulado le permitirá tener una vida con menos sufrimiento.

 

Libros recomendados

Antes de continuar te quiero recomendar algunos libros que te ayudarán a profundizar en el tema y comprenderlo con mayor claridad:

 

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La preparación y la meditación

Prepararse para la muerte requiere de un trabajo constante, por lo que si se deja para los últimos momentos de vida no estaremos preparados. Existen tantas meditaciones como escuelas budistas y maestros, por lo que la variedad es inmensa.

 

Pese a la gran variedad de meditaciones que se pueden practicar todas tienen los puntos importantes en común:

  • Desarrollo de la serenidad (Samatha): cuyo objetivo es alcanzar un estado meditativo de relajación y tranquilidad.
  • Desarrollo de la visión profunda (Vipassana): que busca la comprensión de la naturaleza de los fenómenos.

 

En lo que respecta a las prácticas estas se deben centrar en:

  • La meditación sobre la propia muerte.
  • La meditación sobre los elementos que forman al ser humano.
  • La meditación sobre la impermanencia de las cosas.
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Hay que comprender que la muerte del cuerpo es inevitable y es el destino que nos acompaña a todos desde el momento en que nacemos.

  • Meditación Samatha: consiste en prestar atención a la respiración, solo se debe observar, pero no se debe modificar ni intervenir en ella de ningún modo, el ejercicio consiste en ser simples observadores.

 

  • Meditación Vipassana: tras el ejercicio de la meditación Samatha, cuando nuestra mente ya está relajada, tranquila y preparada comenzamos esta meditación que consiste en observar cada parte de nuestro cuerpo y sentirla. Comenzamos por observando el cuero cabelludo, continuamos con la frente, las sienes, los párpados, los ojos… así con cada pequeña parte del cuerpo hasta llegar a las partes que componen cada uno de los dedos de nuestros pies.

 

Hagamos la meditación que hagamos es importante no aferrarse a las sensaciones que estas nos provoquen ya que se trata de un momento puntual, la próxima vez podemos sentir otra cosa, pero si nos aferramos a lo que hemos sentido una vez nos cerramos a nuevas experiencias.

 

Meditación Tonglen

Antes hemos hablado de la importancia de amar al prójimo para poder tener una vida llena y completa. Pero para poder amar al otro es importante darnos amor a nosotros mismos.

 

Para una correcta meditación Tonglen es importante practicar primero la meditación Samatha en la que observamos la respiración pero sin participar ni modificarla.

 

Tras quince minutos, cuando nos sintamos en un estado de relax y paz interior comenzamos un recorrido por nuestro cuerpo tal como hemos aprendido en la meditación Vipassana, pero en esta ocasión nos detenemos en aquellas partes en las que aquejamos un dolor, ya sea físico o psicológico.

 

A continuación nos visualizamos a nosotros mismos sentados frente a nosotros saliendo humo negro de las partes que nos duelen, en caso de que sea un dolor psicológico visualizaremos el humo negro saliendo del corazón y la cabeza.

 

En cada inspiración absorbemos el humo negro que sale de nuestra visualización, y en cada exhalación expulsamos humo blanco curativo.

 

Poco a poco incorporamos a nuestro entorno en nuestra meditación, primeramente visualizaremos a nuestros padres, uno a cada lado de nosotros, incluso aunque ya no estén con nosotros. Seguidamente incorporamos a nuestros hijos, hermanos y familiares directos.

 

A continuación vamos incorporando tras de nosotros a nuestros familiares lejanos, vecinos y compañeros de trabajo.

 

Finalmente imaginamos al resto de seres con forma humana y no humana rodeándonos y quedándonos nosotros en el centro.

 

Durante todo el ejercicio imaginamos que a todos estos seres les sale humo negro que inhalamos y les damos humo blanco. De a poco, nuestro humo blanco va curando al resto de seres y su humo negro primero se convierte en grisáceo y finalmente en blanco.

 

En este proceso nos liberamos de antiguos patrones de comportamiento egoístas, el Tonglen despierta nuestra compasión.

 

Esta meditación la puedes realizar para ti o para una persona que está sufriendo y la quieres ayudar.

 

Meditación sobre la propia muerte

Otro ejercicio muy interesante que podemos realizar para prepararnos es meditar sobre nuestra propia muerte, imaginar como va a ser, imaginar como será nuestro funeral, quienes asistirán. Imagina a todas las personas felices, NO tristes, están contentas porque has vivido una vida plena y feliz, porque ahora tienes la oportunidad de ir al Nirvana.

 

Conclusiones

Nuestra visión de la muerte y nuestra forma de afrontarla dependerá mucho de nuestras creencias religiosas o filosóficas. Si tenemos presente la muerte y el hecho de que todo es impermanente nos será más fácil comprender que todo estamos en este mundo de paso.

 

Estudia, aprende y experimenta las enseñanzas, será la única manera que tendrás para poder juzgarlas. Juzgar las enseñanzas no es malo, pero hay que hacerlo desde la experiencia propia.

 

Tu vida, la forma de afrontar los problemas y la forma de vivir los placeres vendrán determinados por tus experiencias y conocimientos, si eres consciente de que todo es impermanente, cambiante e interconectado aprenderás que no existe un «YO» y «los otros», la realidad es neutra, somos nosotros con nuestros prejuicios quienes la interpretamos, si te quitas los velos de las emociones y el velo psíquico podrás ver el mundo con mayor claridad.

 

No temas a la muerte y el proceso de morir, forma parte de la vida y no es malo, prepárate y no dejes nada al azar ya que no sabes ni cuándo ni cómo va a llegar.

Sobre el autor

Santiago Vitola, emprendedor en serie, empresario y mentor de emprededores. Presidente y director general de N+E Business School (http://negociosyestrategia.com), presidente de FEPED (Foro de emprendedores y profesionales en las economías digitales, https://feped.org) y director general de EconomiaNews.es