Como poner a tus hábitos a trabajar para ti

Un hábito es un comportamiento que repetimos con asiduidad sin necesidad de tener que pensar que vamos a hacer ese acto. Al nacer no tenemos hábitos, estos se van adquiriendo a lo largo de la vida. En el artículo de hoy vamos a debatir sobre como poner a tus hábitos a trabajar para ti.

 

La misión de los hábitos es realizar acciones de forma automática para ahorrar energía, pero son un arma de doble filo ya que existen hábitos beneficiosos para la persona, pero también adquirimos hábitos que nos perjudican.

 

Según los últimos estudios científicos se precisa de 28 días para adquirir un hábito como propio, esto supone que durante 28 días vas a tener que hacer el esfuerzo de realizar de forma consciente e intencionada esa acción que quieres convertir en hábito. Sin embargo no es una ciencia exacta ya que entran en juego algunas variables difíciles de controlar como la perseverancia, la motivación o el estado anímico de la persona. Cambiar de hábitos no es difícil, pero requiere de esfuerzo y constancia. Cambiando tus hábitos podrás ser más feliz.

 

La red neuronal de los hábitos

Los seres humanos tenemos la capacidad de poder modificar nuestras redes neuronales, esto se consigue realizando determinadas acciones de forma reiterada. Por ejemplo, al principio no sabes conducir, pero conforme vas practicando se van desarrollando una serie de conexiones neuronales que finalmente te permitirán conducir sin tener que pensar en las acciones que estás realizando. Lo mismo ocurre cuando quieres cambiar tu forma de pensar sobre un determinado tema o cuando quieres adquirir un nuevo conocimiento o habilidad. A base de practicar vas creando una red neuronal que te permitirá hacer aquello de forma automática.

 

Como ya hemos explicado en el artículo de “qué es la mentelos seres humanos somos un continuo de instantes de conciencia que vivimos en un proceso de cambio, por lo que todo es impermanente y está en constante transformación.

 

Nuestro día a día está formado por un conjunto de hábitos, costumbres y creencias que marcan el desarrollo de nuestras vidas. Cada una de estas acciones que hacemos de forma automática se va encadenando con la siguiente acción automática, pero las personas tenemos la capacidad de modificar dichos hábitos para lograr unos hábitos mejores.

 

La plasticidad del cerebro (neuroplasticidad) hace referencia a la capacidad que tiene el cerebro humano de adaptarse a los cambios mediante su transformación física cuando realizamos una nueva experiencia. Aunque esta neuroplasticidad es más evidente en los niños, el cerebro está en continuo cambio físico, incluso cuando soñamos.

 

Las personas tenemos la suerte de contar con la capacidad y la libertad de decidir que queremos cambiar nuestros hábitos para ser feliz.

 

 

Mejora cada día un 1% y consigue el milagro

No existe manera correcta de crear hábitos, pero esta es la que yo conozco y la que te voy a explicar en este artículo, pero te invito a que lo compruebes por ti mismo. No me creas nada de lo que te cuente, experimenta.

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No se trata de conseguir un gran cambio de la noche a la mañana, sino de mejorar el 1% de distintos aspectos cada día. Si pretendes hacer una gran transformación sin introducir pequeños cambios por el camino no podrás mantenerlo en el tiempo y experimentarás un efecto rebote. El clásico ejemplo de esto lo vemos en las personas que se proponen adelgazar 15 kilos en un mes y para ello planifican comer solo caldos y zumos, pero a los pocos días están hambrientos y se hinchan a pizzas y hamburguesas. En este caso concreto sería más adecuado proponerse no picar entre horas y si se tiene hambre tomar una infusión. Si después de tomar la infusión se continúa con hambre ya se come una pieza de fruta. Siempre respetando las comidas principales sin saltarse ninguna. Cómo ves se trata de cambiar hábitos para lograr un objetivo.

 

Si arreglas un problema pero sigues con los mismos hábitos pronto volverás a tener el mismo problema

 

Cada vez que queramos alcanzar una meta tenemos que hacer una lista de los hábitos que tenemos que cambiar para lograr ese objetivo. Volviendo al ejemplo anterior, si queremos adelgazar 15 kilos no tenemos que olvidar del factor tiempo y proponernos pequeñas mejoras del 1% que pueden ser:

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  • No picar entre horas
  • Comer un plato de verdura en las comidas principales
  • Dejar de ir a restaurantes de comida rápida
  • Comer despacio y masticar bien
  • Dejar de beber alcohol, bebidas gaseosas o azucaradas
  • No comer dos horas antes de irse a dormir

 

Cada punto de los anteriores es un hábito alimenticio que debes cambiar, por separado no van a suponer una diferencia, pero en conjunto, mantenidos en el tiempo y combinados con otros hábitos deportivos (practicar 30 minutos de deporte cada día) y de descanso (dormir tus 8 horas al día)  supondrán un cambio.

 

Después de un tiempo, esa acumulación de “1s porciento” supone una mejora considerable. Cada punto de la lista anterior se puede interpretar como un cambio del 1%, cada uno de esos cambios por separado es posible que no marque la diferencia, pero cuando estableces un sistema en el que vas cambiando el 1% en cada área y lo mantienes en el tiempo al final logras el objetivo que te habías propuesto.

 

Esas mejoras del 1% son casi imperceptibles pero a la larga suponen un gran cambio (y es la tercera vez que lo repito). Para ilustrarlo con otro ejemplo nos fijaremos en un equipo de segunda división que quiere pasar a primera división. Es posible que lograr este objetivo le lleve varias temporadas pero si hace los cambios necesarios lo conseguirá. Estos cambios puede suponer introducir más tiempo de entrenamiento, cambiar las rutinas de entrenamiento, cambiar las equipaciones, mejorar las instalaciones deportivas, cambiar los hábitos alimenticios de sus jugadores… todos pequeños cambios que de forma independiente no suponen una diferencia, pero el cúmulo de todos ellos pueden suponer que este equipo pase a primera división.

 

Las pequeñas mejoras pueden provocar un cambio sorprendente. No parecen marcar una diferencia significativa en un día concreto pero el impacto que provoca a lo largo de los meses y los años puede resultar enorme. Un día de entrenamiento en el gimnasio no te va a cambiar el físico, un día estudiando una asignatura no te va a convertir en experto en un tema, un día practicando una habilidad nueva no te va a convertir en un avezado practicante, pero la práctica diaria y constante durante semanas, meses o años logrará la magia que tanto deseabas.

 

Si una asignatura que estás estudiando se te resiste, es posible que sea conveniente revisar tu sistema de estudio, puede que te interese dedicar media hora al día de lunes a domingo a estudiar y repasar dicha asignatura, esto lo podemos trasladar a aprender un idioma o a aprender una nueva habilidad.

 

Ten paciencia, no desistas y se constante

Por desgracia el lento ritmo de los cambios hace que sea más fácil decaer y por eso muchas veces desistimos en nuestros intentos de cambio. Nos proponemos un objetivo pero no planificamos pequeños hitos que lograr ni nos mentalizamos de que ese gran objetivo llegará con el tiempo. De repente un día nos cansamos y volvemos a nuestras viejas costumbres.

 

Imagina un avión que despega con destino a la otra punta del mundo, sin embargo al despegar gira medio metro, ¿a dónde irá a parar después de más de 24 horas de vuelo? Probablemente a un destino muy alejado del que originalmente se había propuesto. El tiempo multiplica el resultado de aquello que realizas con frecuencia.

 

El esfuerzo mantenido en el tiempo nos hará conseguir aquellos objetivos que nos habíamos propuesto. Los hábitos con frecuencia parecen no provocar ningún cambio, sin embargo se está desarrollando una nueva red neuronal, esto es como cuando plantas una semilla, te da la impresión de que no pasa nada, pero debajo de la tierra se está desarrollando una pequeña raíz y está saliendo una pequeña plantita. De repente, después de varias semanas de esperar una pequeña puntita verde asoma entre la tierra, y un día, sin que lo esperes la planta ha crecido 4 centímetros y ha comenzado a salirle una flor.

 

Otro ejemplo de esto es cuando desenchufas el congelador, no pasa nada, todo sigue congelado, mientras el congelador está a menos 5 grados centígrados, a menos 3 grados centígrados o a menos 1 grado centígrado todo sigue congelado, pero en un momento dado el congelador desenchufado rebasa la barrera de los cero grados y la comida comienza a descongelarse. Lo mismo sucede con los hábitos, al principio suponen un esfuerzo, pero de repente se convierten en algo automático.

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Uno siempre espera provocar progresos de manera lineal y ascendente, pero no es así, a veces durante mucho tiempo parece que la cosa no cambia. Por eso es tan difícil desarrollar hábitos que perduren y muchas veces tiramos la toalla pensando que no hemos conseguido nada, pero los cambios estaban ahí, desarrollándose, esperando a que llegase ese momento en el que de repente se hiciesen visibles.

 

La semilla de cada cambio es una pequeña decisión. Para cambiar o adquirir un nuevo hábito hace falta empezar por tomar la decisión de querer lograr ese cambio. Un claro ejemplo de ello lo vemos en aquellas personas que tienen un vicio o un problema como el alcoholismo, el juego… primero tienen que reconocer que tienen un problema y seguidamente tienen que querer cambiar. En “Alcohólicos anónimos” jamás aceptan a una persona llevada por su familia si ésta no quiere cambiar. Si no quieres cambiar, no vas a cambiar.

 

Diferencia entre sistema y meta.

A la hora de hablar de hábitos es importante diferenciar entre sistema y meta.

 

  • Las metas son el lugar al que queremos llegar, el objetivo que queremos lograr, son buenas para establecer una dirección pero el sistema es mejor para obtener verdaderos progresos.
  • El sistema consiste en un conjunto de procesos y procedimientos que nos permitirán llegar de forma satisfactoria a la meta que nos hemos propuesto sin decaer por el camino.

 

Para lograr progresar es necesario contar con ambos elementos ya que una meta sin sistema es como querer llegar a un lugar sin saber que camino tomar. Por su parte, contar con un sistema pero no tener una meta es como subirse a un barco y comenzar a navegar sin rumbo, probablemente termine encayando.

 

Si la gente que tiene éxito y la que no lo tiene comparte la misma meta, está no puede ser la que marque la diferencia, probablemente la diferencia esté en el sistema, pero vamos a verlo mejor con un ejemplo que nos permita entenderlo de una forma evidente, supongamos una liga, del deporte que sea, todos los equipos quieren quedar los primero, esto supone que todos comparten la misma meta, sin embargo solo un equipo quedará el primero. Entonces la meta no puede ser el elemento diferenciador.

 

Es evidente que contar con una meta y ser ambicioso es importante, pero debemos contar con un sistema que nos permita alcanzar esa meta, también debemos contar con una serie de hitos que nos permitan saber que vamos por el buen camino. En el caso de la liga, los hitos son ir ganando los partidos, pero esto lo podemos trasladar a una empresa o a una persona.

 

Algunos libros que te recomiendo

Antes de proseguir con la lectura te quiero recomendar algunos libros muy interesantes para consolidar tus conocimientos acerca de cómo cambiar hábitos y ponerlos a tu servicio.

 

Deja de perseguir soluciones

Si arreglas un problema pero sigues con los mismos hábitos pronto volverás a tener el mismo problema. Seguirás persiguiendo soluciones ya que no has establecido un sistema. Curaste un síntoma sin resolver la causa.

 

Supongamos que tienes un problema económico, para solucionarlo y dejar de estar agobiado solicitas un préstamo que te permite pagar tus deudas y seguir manteniendo tu ritmo de vida, durante un tiempo estarás tranquilo y podrás “respirar”. Pero solo has puesto un parche, es necesario que aprendas cómo atraer la abundancia a tu vida y cambiar toda una serie de hábitos de ahorro y consumo. Si no cambias tus hábitos, seguirás persiguiendo soluciones, pronto tendrás nuevos problemas económicos.

 

Arregla los sistemas y por ende los resultados se arreglaran. En el ejemplo anterior, si aprendes inteligencia financiera y estableces un sistema para ahorrar y aprendes a gastar menos cambiarás tus hábitos y podrás vivir y dormir tranquilo. Nunca más volverás a tener un problema económico.

 

Pon a tus hábitos a trabajar para ti y se más feliz y productivo

 

No pospongas tu felicidad

Piensa en un árbol, tú te encuentras debajo de él, si te pones de puntas de pie y estiras mucho los brazos no llegas a tocar las hojas que están en la parte de abajo de la copa, sin embargo si pegas un buen brinco, algunas veces llegas a casi rozar las hojas.

 

Muchas veces nos sucede lo mismo con la felicidad, siempre decimos “cuando adelgace 15 kilos seré feliz”, “cuando me saque la carrera y encuentre trabajo seré feliz”, “cuando mis hijos sean mayores seré feliz…” La felicidad no es algo que alcanzará tu YO del futuro cuando logres unos hitos. Posponer nuestra felicidad supone posponer nuestras metas y desistir en el camino para alcanzarla. Aprende cómo ser feliz.

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Tu compromiso con el proceso es lo que va a determinar tu progreso. Por eso te tienes que centrar en el presente y dejar de pensar en lo que pasará en el futuro. Establece hitos que te permitan hacer un seguimiento a tus progresos y no desistas nunca. Si te cuesta encontrar la motivación imagina que ya has conseguido tu objetivo, que ya tienes lo que tanto querías, ¿cómo te sientes? ¿cómo ha cambiado tu vida?

 

Cambia tu sistema de creencias

El primer error a la hora de cambiar hábitos es equivocarnos en lo que cambiamos, y no me refiero al hábito en sí, vamos a verlo.
La mayoría de personas inician su proceso de cambio centrado en la meta, sin embargo el cambio debería centrarse en lo que queremos llegar a ser.

 

No se trata de adelgazar 15 kilos, se trata de ser la persona que come sano y ama a su cuerpo, esa clase de personas que nunca maltrataría a su cuerpo con grasas y azucares que le perjudiquen. Tampoco se trata de llegar a fin de mes, se trata de aprender una serie de hábitos que nos permitan vivir tranquilamente con lo que ganamos, se trata de ser esa clase de persona que siempre pone en marcha buenas ideas para lograr su independencia financiera.

 

El esfuerzo mantenido en el tiempo nos hará conseguir aquellos objetivos que nos habíamos propuesto

 

Detrás de cada sistema de acciones hay un sistema de creencias. Para lograr alcanzar un objetivo, a parte de un sistema y una meta necesitamos revisar nuestro sistema de creencias, ¿cómo vamos a lograr la independencia económica si tenemos claro que nuestro destino es ser pobres y que nunca vamos a poder cambiarlo? Cambia ya tus creencias limitantes y alcanza tus metas.

 

Es muy difícil cambiar tus hábitos si no cambias primero tus creencias. Me encuentro muy a menudo con personas que sueñan con ser millonarios, pero sin embargo les da muchísimo miedo el dinero, ¿qué pasaría si una persona siempre hablase mal de ti? lógicamente te alejarías de esa persona, lo mismo le pasa al dinero, si siempre dices que hay muchas cosas más importantes que el dinero, que el dinero es malo, que el dinero hace que la gente cambie para mal… entonces el dinero se alejará de ti. Cambia tu sistema de creencias para lograr tus objetivos.

 

El verdadero cambio de conducta es un cambio de identidad. Puedes iniciar un hábito por motivación pero solo lo mantienes si pasa a formar parte de ti. Así, pon ya a tus hábitos a trabajar para ti.

Sobre el autor

Santiago Vitola, emprendedor en serie, empresario y mentor de emprededores. Presidente y director general de N+E Business School (http://negociosyestrategia.com), presidente de FEPED (Foro de emprendedores y profesionales en las economías digitales, https://feped.org) y director general de EconomiaNews.es